No te puedo escribir un post, Eusebio, sólo decirte..¡Adios, cariñico mío!



Nos sorprendió tu adiós, tu ausencia, porque aunque no queríamos, tú nos lo anunciaste, pero no por anunciado era esperado y mucho menos deseado, y la muerte, celosa de tu alegría y el amor que regalabas a los demás, decidió que te quería para ella sola, porque ese cuerpo frágil, de tan sólo 30 años, que le plantaba cara, todos los días, con una sonrisa, albergaba el corazón y el alma, más grande que jamás existió.

Tú viaje, sin retorno, al infinito, nos ha dejado los ojos secos de lágrimas y un vacio inmenso en el alma, sin tu presencia y sin el eco de tu voz, y hemos quedado solos, sin el amigo, el hijo, el hermano, el nieto, el sobrino y todos los parentescos que se puedan escribir, porque todos te queríamos y admirábamos, pero sobre todo hemos perdido la luz de esos ojos, que creo, porque necesito creer, nos seguirán enviando su luz, desde donde quiera que ahora estén.

 Por eso no te voy a escribir un post, sólo quiero que sepas, Eusebio, donde quiera que estés, que:

 “No necesito recordarte, porque nunca te olvidaré”. 
   


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