Este año he tenido unas largas vacaciones, relajadas tranquilas de esas de “no molestéis que estoy muy ocupada no haciendo nada” y de las de gastar menos que un “ciego en novelas”, ya que me he quedado en casa, pero decidida a vivir, como si estuviera en el más exótico país y en el hotel más lujoso, con los horarios más anárquicos, desde que se inventó el reloj, vamos de esos “de hoy no me levanto pá no tenerme que acostar”.
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