Mi querida, Infanta Doña Cristina, cuando me enteré por los medios, que a su querido esposo, Iñaki Urdangarin, se le fue, presuntamente, la manita en ciertos negocios, se me pusieron los vellos como escarpias y se pararon los pulsos, y tuve que apoyarme en el quicio de la puerta, cual folklórica, para no desmayarme, de la angustia y por eso, he decidió escribirle unas letras, para decirle cuanto la entiendo y lo mucho que me pongo en su piel.
Los Díaz
-
Por décadas
Un obrero Díaz ha estremecido
Viña del Mar
Ha ocurrido por medio del abrazo
herencia del silencio
trabajo, uniòn, hermandad
En su hogar recib...
Hace 4 horas





