Mi querida, Infanta Doña Cristina, cuando me enteré por los medios, que a su querido esposo, Iñaki Urdangarin, se le fue, presuntamente, la manita en ciertos negocios, se me pusieron los vellos como escarpias y se pararon los pulsos, y tuve que apoyarme en el quicio de la puerta, cual folklórica, para no desmayarme, de la angustia y por eso, he decidió escribirle unas letras, para decirle cuanto la entiendo y lo mucho que me pongo en su piel.
Hay un verso que no te he leído
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Se arrugan las emociones
y un carrusel de tentaciones
irrumpe el manuscrito
de un enjambre de sueños.
Esos sueños que solo
brotan cuando a...
Hace 6 horas





