Fue un accidente inesperado, que nos separó para siempre., porque la fatalidad acecha escondida en cualquier rincón.
Contemplábamos la puesta de sol, sentados al borde del acantilado, la rodeaba con mis brazos, un movimiento inesperado hizo que se escurriera, terminando en el fondo, destrozada e inerte sobre las rocas, a merced del mar, como juguete roto..




