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Lo del nuevo grano en el culo, de Barak Obama, es en el sentido metafórico, porque ni yo se lo he visto ni él me lo ha enseñado, pero es evidente que con la situación de su amada EEUU, tiene múltiples, así que este último ya no le tiene que doler demasiado y es el más leve de todos. Pincha aquí, para seguir leyendo
Cuentan, que había una vez un hombre de color, que vivía en la Kenia, gobernada por los ingleses, allá por el año 1949. Este hombre, oriundo de la aldea de Kogelo, era un buen cocinero, y se ganaba la vida ejerciendo su profesión para un oficial ingles.
Un buen día, éste hombre, fue acusado de pertenecer al movimiento rebelde Mau Mau (Fuera Fuera), que quería recuperar Kenia para los Keniatas, lo llevaron a una prisión de alta seguridad, donde todos los días era sometido a atroces torturas por los soldados ingleses, que querían delatara los secretos de sus compañeros rebeldes, y así un día tras otro hasta su liberación, según cuenta su esposa, ya anciana, Sarah Onyango que relata alguno de los castigos que le infligían:

Os voy a contar una historia, que si no estuviera avalada por las fotos, parecería un cuento de una amistad imposible entre animales salvajes
Érase una vez tres hermosos guepardos, que eran hermanos, corrían y cazaban juntos por la sabana, desde que a los 18 meses su madre decidió darles la independencia, cuando tras un día de caza se toparon con una manada de impalas, que al verlos huyeron despavoridos ya que no tenían ninguna intención de servirles de merienda, pero el más joven y debilucho no pudo y fue alcanzado por los hermanos, que lo derribaron al suelo.
Cuando el pequeño impala, ya se veía devorado, ocurrió el milagro. Los guepardos, solo querían jugar con él y ser sus amigos, pues al fin y al cabo eran jóvenes y juguetones, por suerte para él no tenían hambre y estaban cansados de un largo día de caza, así que jugaron y retozaron, como buenos amigos incluso se abrazaron, a su modo, pero se abrazaron.
Pero como la naturaleza es sabia y el instinto más, al final se dijeron adiós y el impala se fue corriendo, antes de que sus amigos se dieran cuenta de que él no era un camarada de juegos adecuado, si no un bocado muy apetitoso, que podría poner un dramático final a esa amistad recién estrenada.
Esta historia tierna y real fue captada por el fotógrafo Michael Denis-Huot en un safari en el Masai Mara de Kenya y que he tomado prestadas de un artículo del Daily Mail
http://www.dailymail.co.uk/news/article-1246886/Pictured-Three-cheetahs-spare-tiny-antelopes-life--play-instead.html





